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El tuteo lo impone el entrevistado. No sólo
porque es la manera como habla (además de cómo impone
una forma de comunicarse, no sólo con nosotros, que lo
entrevistamos) sino también por estilo, por manera de acercarse
a los demás. Por forma y por fondo, diríamos, en
una expresión que, seguramente, también le gustaría.
Sucede que Gustavo Dominguez, es, también una persona con
la que es fácil hablar de temas importantes y con certeza
de que se está hablando en serio. Empresario exitoso (cuenta
en su haber el hecho de que su empresa en plena crisis pasara
de números rojos a negros), rápidamente deja en
claro sus diferencias con otros colegas. Ya en las fotos que acompañan
el artículo el lector puede percibir las distancias que
lo separan de otros responsables de empresa.
Diferencias que lo llevaron alguna vez a lo que fue casi un exilio
(de la crisis y de cierta forma de vida) en Cariló y que
lo trajeron de regreso en mayo de 2002 en uno de los momentos
más complejos del país. En esta entrevista Gustavo
Dominguez habla justamente de eso. De las diferencias, de los
puntos en común y de cómo en el mundo del vino es
posible ser creativos, basándose en los temas clásicos.
Recuerdo haberte visto un día en Pinamar. Ese día
me dijiste: "No, basta. Quiero dedicarme a otra cosa. ¿Cómo
puede ser que mi hija ya tenga 12?" Sin embargo, ahora estás
nuevamente en esta tarea
¿Cómo se dieron ambos
procesos?
Es un cambio grande volver de la tranquilidad. Este país
está plagado de gente con doble discurso. Que dice una
cosa y hace otra. Muchas veces no podés tomar ciertas actitudes
y mantenerlas, porque vivís de algo. A veces tenés
que ir a ver a personajes que te parecen siniestros y aún
así sonreír. Algo similar me sucedió a mí.
Es la realidad de la Argentina. Y, como marchan las cosas, de
la mayor parte del mundo. Vivimos tiempos de mucha imagen, de
mucha forma, carentes de contenidos. Y puedo decirlo porque tuve
una trayectoria, por suerte, exitosa. Fui Gerente Financiero y
Administrativo a los 23 años. A los 28, era Gerente Comercial
y a los 32 era Director de Ventas, después Director Comercial
Regional. Allí, a los 37 años, me di cuenta que
había vivido para trabajar. Se habían ido 15 años
de mi vida. 15 años en los que no tuve tiempo para llevar
a mis chicos al primer día de colegio. En ese momento decidí
tomar una decisión de vida: "Bueno, termino por un
tiempo con mi vida profesional y me dedico a mi vida personal".
Para eso fue necesario cortar con todo...
Sí, con todo. La única manera en la vida de hacer
las cosas bien consiste en si te vas a jugar por algo, jugáte
entero. Vendí mi casa, vendí todo lo que tenía
en Buenos Aires y me fui a vivir a Cariló con mi familia.
Empecé otra vez: de cero.
Pero allí te mantuviste relacionado al mundo del vino,
¿no?
Tenía dos vinotecas. Después abrí un winebar.
Siempre en el mundo del vino, que es lo que más me gusta.
Luego de un tiempo, descubrí que la situación económica
de la Argentina no iba más y, sin mucho problema, dije:
"Hay que volver a trabajar".
La decisión de volver, ¿fue tuya o te vinieron a
buscar para que empezaras con este proyecto?
Estando allá tuve tres, cuatro, ofertas. Algunas de empresas
que hacía muy poco tiempo que estaban, que no me interesaron.
Después tuve la suerte de que, cuando me llamó Allied
Domecq, estaba realmente pensando en volver. Empecé las
tratativas en febrero de 2002. En mayo estaba trabajando.
Y tu familia, ¿Cómo tomó tu vuelta al negocio?
Mi familia quería que me quede (risas). Pero ahora mis
hijos tienen 16, 14 y 12; no son niños. No los contengo
con un chocolatín. Lo entendieron: vos podés tratar
de iniciar un camino, pero cuando ves que la situación
de un país está extremadamente complicada y contás
con chances que son extremadamente buenas en el opuesto es el
momento de tomar una decisión. Así fue como sacrifiqué
parte de lo que tenía para venirme acá. Y así
estoy. Me vengo los lunes a la mañana y vuelvo los viernes
a la tarde. Mi familia no quiso venir.
Están muy adaptados a Cariló...
En Cariló viven su propio mundo. Un mundo muy distinto.
No era fácil volver a la ciudad. Pienso que dentro de un
tiempo, cuando mi hijo mayor empiece la universidad, veremos qué
hacer. Nunca planifico mucho... Soy muy organizado para el futuro
para las empresas, pero en cuanto a mi vida personal, soy como
Merlo (no en vano soy hincha de Racing): voy "paso a paso".
No me preocupa mucho qué es lo que voy a hacer dentro de
10 años. En lo que hace a la empresa, soy muy organizado,
eso sí. Me considero muy sistemático para trabajar
y, sobre todo, para la visión de mediano plazo. Nunca hay
que perderla. El gran secreto para poder revertir la situación
económica de la compañía fue que, en medio
de la crisis, pensamos en el mediano plazo y no únicamente
en la crisis. O sea: tomamos medidas para pasar la crisis, pero
también para cuando la crisis terminara. Y creo que esa
fue la gran diferencia.
¿Te costó volver o adaptarte a un ritmo intenso
de trabajo?
Es como si no me hubiese ido nunca. Inclusive creo que mi experiencia
de Cariló me favoreció, porque yo me fui en el 99,
cuando la Argentina iba para arriba. Sobre todo, en el rubro bebidas.
Mi imagen quedó potenciada. Me fui en el mejor momento,
evité dos años terribles. Volví en el medio
de la crisis, pero cuando se veía que las crisis no son
eternas. Cualquiera que miraba al país con un poco más
de frialdad y sin ánimo de especulación, se daba
cuenta que la Argentina iba a salir. Tenía potencial. El
tema era tomar las medidas en el momento adecuado. No hacer lo
que hacían los demás. Todas las compañías,
todo el país se achicaba. Pero se achicaban mal.
¿Cómo es eso?
Es como si un señor decidiera ir al médico para
adelgazar y el profesional le contestara: "usted está
gordo, le cortamos la cabeza y, de esta forma, pesará 3
kilos menos". ¿Suena burdo, no? Pero algo así
fue lo que se hizo en la Argentina. Las empresas se asustaron
y en vez de sacarse la grasa que tenían de más,
se achicaron en exceso. Muchas, así, se cortaron la cabeza,
para seguir con la imagen. Tuvimos que hacer una reestructuración
muy grande, disminuir los gastos de la compañía,
bajar del 36 % de la facturación al 21% en un año,
volver a ser empresa rentable. Pero en ese contexto, aumentamos
la cantidad de personas que trabajaba en marketing y en lo que
se denomina "botella abierta" (atención de restaurantes,
hoteles, conferencias), el espacio donde se hace el contacto y
la imagen de los productos. Todo lo que era inversión,
lo tratamos de volcar hacia allí. O sea: no invertimos
en publicidad masiva, sino que hicimos acciones específicas,
en un momento en el que el contacto face-to-face con el consumidor
tenía un impacto enorme. Nos dio muy buen resultado. Obviamente
que tenía un portafolio de marca que es muy noble. Graffigna
es una de las bodegas más antiguas de Argentina. Una bodega
de 1870. Cuando la mayor parte de las compañías
que operan hoy en el mundo del vino ni siquiera habían
vendido su primera botella, ya existía Colón. Por
eso, ahora estamos embarcados en un proyecto con Graffigna que
es muy interesante: el Museo del Vino. Un museo Graffigna (obra
de un museólogo) con características muy modernas
para lo que es el universo del vino, interactivas: la posibilidad
de escuchar ruidos, sentir aromas. Casi transportarte en el tiempo.
Viajar 100 años para atrás. Con todos los elementos
que tenían en la administración hace 100 años,
los libros originales, las máquinas de escribir originales.
Funciona acá en Buenos Aires o...
No, está en San Juan. Pensamos que el potencial de los
vinos de San Juan es enorme. Los vinos de Mendoza son muy buenos,
pero los vinos de San Juan son muy ricos. Esa es una diferencia
importante.
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San Juan, como Mendoza, empieza a destacar sus denominaciones
de origen, sus regiones de excelencia.
Ustedes están cerca del Pedernal...
Tenemos plantaciones en el Pedernal y en el Valle de Ullum, en
ambos lugares. Los productos Premium que estamos haciendo son
sobre la base de viñas del Valle del Pedernal. El museo
es un proyecto fantástico. El único museo de vinos
que hay en la Argentina. Los demás son amontonamientos
de cosas. Vamos a mostrar 15 máquinas que tienen 120 años
de antigüedad. Cómo era el vino realmente en sus orígenes.
Gente de la familia Graffigna ha donado el primer camión-tanque
que tuvieron en la bodega: tiene 85 años y estaba guardado
en una finca. Hubo momentos en que los documentos de Graffigna
tenían más valor que los del Banco Nación.
Fue una bodega enorme, pionera en muchos aspectos. Pero después
la provincia de San Juan se dejó estar y se dedicó
a hacer vino común en tierras muy nobles. Mendoza, en ese
sentido, hizo mejor trabajo. No hay que olvidarse que, durante
muchos años, para los consumidores, San Juan y Mendoza
eran lo mismo. El vino blanco de San Juan siempre fue muy reputado.
Y hay ciertas variedades de uva, especialmente la Syrah, que se
adaptan de manera fantástica a lo que es el terruño
de San Juan. Por características, por maduración.
Y si bien ahora hay una moda de la altura, no todas las variedades
rinden mejor en la altura. Hay cepas que rinden muy bien en el
llano. La altura de la viña es un fenómeno del marketing:
evidentemente hay variedades que funcionan bien arriba, pero también
hay cepas como la Syrah, para las que hace falta mucho calor -sobre
todo en la época previa a la cosecha-, que lo hace redondear
mucho más al vino, produciendo polifenoles mucho más
agradables. En ese sentido el clima de San Juan es muy especial,
muy benigno. El resultado en los productos es taninos muy dulces,
o sea vinos muy ricos. No sé si enologicamente son mejores.
Mi sueño no es hacer los vinos mejores (¿quién
sabe qué significa eso?) sino los vinos más ricos.
No nos interesa llenar al lector, que va a ser consumidor de vinos,
de información técnica innecesaria. En nuestra campaña
apelamos mucho al sentimiento, a relacionar al vino con elementos
comunes: le decimos, "como tu viejo", "como ese
amigo que se fue", "como tu primera novia". A la
gente que consume un vino de seis pesos no le importa si tiene
un año más o menos de roble. En el mundo del vino
te tenés que adaptar un poco al origen: San Juan y Mendoza.
Para el consumidor son diferentes: nosotros estamos naciendo,
casi somos un nicho y Mendoza tiene un nombre estabilizado. Si
vas al extranjero, es todo Argentina. Exceptuando a lectores de
la revista, que son personas que se han educado para entender,
pregúntale a cualquier persona de dónde viene el
vino francés y te garantizo que la mayor parte no lo sabe.
Muchos, ni siquiera entienden la diferencia entre varietales y
genéricos. El tema de los varietales fue una moda también.
Los vinos franceses no son varietales. Son combinaciones de cepas,
así son los mejores vinos.
Pensemos en esa gente que se inicia en el mundo del vino ¿Cómo
le contarías la empresa, tu empresa, en pocas palabras?
En años en que nadie apostaba por Argentina y todos pronosticaban
lo peor, hicimos una apuesta muy fuerte. Cuando todo el mundo
cerraba su equipo comercial, nosotros abrimos con más fuerza.
Así fue cómo el año que terminó fue
el único que ganamos plata de los últimos cinco.
En plena crisis cambiaste la estrategia comercial y de marketing...
Crecimos un 41%. Volvimos a ser líderes en el nicho del
whisky. Cuando entré, teníamos el 16% de participación
en el mercado. Ahora nos estabilizamos al 32%. En vinos arrancamos
de 6% en supermercados y ya estamos en el 10%. Somos la compañía
que más factura en ese canal. En sparkling vendimos todo
lo que teníamos en tres meses. Era nuestra previsión
para el año. En exportaciones también lo duplicamos.
Los parámetros con los que trabajamos en la compañía
son dignidad, esfuerzo, concentración, inteligencia, alegría
y solidaridad. La base de nuestra empresa son, sin duda, las personas.
Se logró crear otra relación de la gente, de los
trabajadores con la compañía...
Uno tiene que aprender a confiar en quienes tiene a su lado. Vivimos
en un mundo en el cual nacimos todos desconfiados. Creo que a
la gente hay que enseñarle a confiar: hemos perdido mucho
en estos últimos años. Durante diez años
fue más importante tener fama. Así quedó
el país. Hay que recuperar ciertos valores que quedaron
completamente en descrédito. Hay un momento en tu vida
en que las ilusiones no pasan por la billetera sino por el corazón.
Este es un problema de la Argentina, y especialmente de los managements
de las compañías. No emocionan a nadie porque no
se emocionan ellos.
Esto lo demostraste vos: viniste a una compañía
de capital internacional y aun así te arremangaste. Dijiste
"vamos a trabajar todos juntos
"
Los éxitos son siempre de los equipos, nunca de las personas.
Lo más importante en la vida no es llegar, sino también
que lleguen los que vienen junto a uno, detrás de uno.
¿Siempre trabajaste en nuestro país?
Me ofrecieron trabajar afuera pero lo rechacé. Profesionalmente
es un error, si querés crecer es un error quedarte. Obviamente
yo soy consciente de eso. Pero elegí hacerlo, por otros
motivos. Hay que encontrar un balance entre la vida profesional
y la personal. Me dedico a full a la empresa, pero los fines de
semana son míos.
A nivel organizativo, tu mensaje es bien entendido hacia abajo.
Pero, para arriba, ¿te costó que te entendieran?
Tengo un muy buen jefe. Es una ventaja. Un tipo fantástico.
Había trabajado con él en Seagram dos años,
después se fue a trabajar muchos años a México
(donde me quiso llevar y no quise ir). El fue el primero, pero
creo que después mucha gente empezó a confiar en
el modelo que yo proponía. Un modelo mucho más horizontal,
transversal.
¿Cómo definirías el estado actual de la empresa?
Se hizo una elección y no una revolución. Se trabajó
mejor el packaging, para darle más presencia y visibilidad.
Pero no lo cambiamos completamente. Así se le dio consistencia
a la línea. En el período post crisis, la gente
empezó a querer más las viejas marcas, las que se
mantuvieron. Hubo un rechazo por las marcas clásicas de
la década del 90 y un revival de las marcas de los 70 y
80. Nosotros unificamos botellas, etiquetas, conceptos de línea.
Tanto Graffigna como Colón tenían bivarietales y
varietales. Decidimos que Graffigna se especializara en bivarietales
y Colón en los varietales. Los varietales de Colón
están a 6 pesos y los Graffigna de 7 para arriba y desde
13 la línea Centenario (con un Cabernet y un Chardonnay,
y en abril se lanzan un Syrah y un Malbec). Hay un producto en
barricas para fines de 2004, lo que llamamos un producto Premium,
de 25 a 30 pesos, que va ser el producto top de Graffigna. Este
vino top va a ser un genérico. Trabajo de enólogo.
Hubo un proceso de reconversión tecnológica en la
compañía y de incorporación de elementos
técnicos para justificar el lanzamiento. Hay tiempos de
espera y un proceso lógico en todo esto para construir
las marcas y definir tácticamente cual es el camino de
la compañía. El gran mérito de Gastón
Basso Dastugue( Gerente de marcas) fue definir que Graffigna iba
con los bivarietales y Colón con los varietales. Fue una
decisión táctica difícil, reemplazar al Graffigna
Malbec, el 50% de las ventas de la marca. Al lanzar el Malbec
de Colón pudimos ver la aceptación y reemplazar
al otro. El concepto de línea ayudó mucho. Tenemos
producto de relación precio/calidad óptimos. Como
la principal bodega de San Juan que somos, tenemos la responsabilidad
de construir la marca San Juan. El primer paso estratégico
es el museo.
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