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¿Existirán las casualidades? ¿Será
gracias a una de ellas que después de haber recorrido tanto
mundo, un día Víctor Barón se encontró
al pie del Cordón del Plata y aquellas plateadas montañas
mendocinas lo enamoraron para siempre?
¿Será por obra del azar que la chef polaca Soledad
Krasicka y su esposo Esteban Ybarra escogieran en pleno corazón
de Buenos Aires el sitio justo donde establecer su restorán
eslavo, para preparar y servir aquellas recetas tradicionales?
Sin embargo, no es un hecho fortuito que productor y restauranter
se hayan reunido para degustar platos y bebidas. Vinos & Sabores
los convocó para comprobar maridajes, para compartir historias
ancestrales y -sobre todo- para disfrutar del mágico momento
que se produce en torno a la mesa, con una amena conversación.
Participaron del encuentro Esteban Ybarra, restauranter de El
Kozako; el titular de la bodega Viñas del Barón,
Víctor Barón, y su hija, Gabriela, responsable de
marketing de la empresa.
Una entrada con historias
La velada se inició con una selección de fiambres
ahumados, típicos de Europa del Este, acompañados
por un Finca del Marqués Malbec 2002, de un brillante color
púrpura, limpio y de aroma muy frutado. Todos coincidieron
en destacar la equilibrada acidez del producto, así como
su gran persistencia en boca y la estructura de su cuerpo, que
ayuda a destacar el carácter genuino del varietal. Así,
pudieron disfrutar del complemento entre los sabores de la comida
y la bebida.
Esta degustación ganó encanto a la luz de las velas
que esparcían sus reflejos sobre la mesa y al calor íntimo
de los recuerdos que afloraron de manera espontánea. Víctor
Barón evocó entonces los vinos caseros elaborados
por su abuelo, o los producidos por su familia en el poblado de
Rochlitz, así como algunos recuerdos de su posterior y
extensa trayectoria en el mundo de las bebidas, hasta llegar a
su producción propia. Se refirió varias veces al
primer encuentro con las veinticinco hectáreas de tierra
mendocina, allá por 1999, en Luján de Cuyo, de donde
hoy provienen sus vinos. "Alguien me dijo que fuera a verlas
-relató- porque me iban a interesar. Cuando llegué,
el verdor del rústico viñedo estaba enmarcado en
el cielo límpido y la cordillera nevada. Entonces pensé:
Esto es para mí". Disfrutó al pronunciar estas
palabras y su hija lo acompañó en la emoción.
Todos en la mesa especularon acerca de si habrá sido casual
ese primer encuentro entre el productor y sus tierras.
Mientras tanto, Gabriela Barón quiso redoblar el desafío
y comprobar si era posible el maridaje entre el Malbec 2002 y
el pescado.
Probaron el Malbec con el kulebiak de salmón y lo encontraron
muy apropiado, dado que los ingredientes del plato le otorgan
mayor volumen al salmón y el vino no apaga los sabores,
sino que los realza.
El kulebiak se presenta como un salmón envuelto en masa
y llevado al horno. Es tradicional que las familias preparen el
salmón entero y luego lo corten en rebanadas. La masa es
fina, delicada, el queso blanco le brinda una liviandad casi etérea.
El pescado se acompaña con repollo caramelizado y salsa
de hongos.
Secretos de la casa
Esteban Ybarra se mostró apasionado al referirse a las
características del emprendimiento que, junto a su esposa
y dos socios - Matías y Victoria-, encararon hace poco
más de dos años. "Nuestra filosofía
-dijo- consiste en ser estrictamente leales, tanto al concepto
de cada plato, como con cada uno de los clientes. Todo lo que
se come en El Kozaco es casera. Es como volver a saborear la comida
de la abuela".
El restauranter indicó también que los platos "están
preparados con ingredientes originales, algunos especialmente
elaborados para el restaurant".
Enfatizó que no se utilizan sustitutos, "no es cocina
fusión, sino cocina tradicional; el cliente puede tener
la certeza de que los platos que se sirven son idénticos
a los que se presentan en Rusia o en Polonia".
En tren de confesiones, refirió que los objetos que decoran
el lugar "son todos elementos familiares; no compramos nada
para decorar. Hay retratos de antepasados de mi esposa, Soledad.
Fotos, recuerdos, esculturas; inclusive hubo amigos que también
prestaron algunos objetos auténticos".
Gabriela y Víctor Barón coincidieron en señalar
que El Kozako es dueño de un ambiente particular: sobrio
y acogedor, íntimo y sencillo. "Eso no es casual -se
entusiasmó Esteban: Nada en el restaurante es "inventado",
no se fabricó una atmósfera, el aire eslavo que
se respira es auténtico", aseguró.
Los comensales discurrieron entonces acerca de las costumbres
gastronómicas de los argentinos y estuvieron de acuerdo
en señalar que el actual eclecticismo en ese sentido se
debe, en parte, a que durante la década del '90 el público
viajó mucho. Es por eso que está abierto a nuevas
experiencias.
Ybarra se manifestó "muy satisfecho" por el caudal
de clientes que visitan el local, al tiempo que evaluó
que el 80 por ciento de la asistencia está integrada por
personas que no tienen nada que ver con la tradición eslava.
"Es posible que sientan curiosidad por saber cómo
es esta clase de comida", reflexionó el propietario
del único restorán ruso que existe por estos días
en Buenos Aires.
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Por la intensidad de este plato, se eligió para acompañarlo
al Cabernet Sauvignon 1997, de Viñas del Barón.
Luego de explicar que se trata de un vino sin barrica, Gabriela
indicó que debe servirse a una temperatura no superior
a los quince o dieciséis grados.
A su turno, sin ocultar un importante cuota de orgullo, Víctor
Barón manifestó: "Alguien me dijo que este
Cabernet es como un cachetazo de uva. Es cierto, en la Argentina
este es uno de los pocos Cabernet, que tienen el auténtico,
penetrante, particular, aroma a Cabernet".
Coincidencias
Satisfechos por la muy buena conjunción entre vinos y alimentos,
Gabriela, Víctor y Estaban disfrutaban de la amena e interesante
conversación.
En el espíritu de la mesa se impuso otra... ¿casualidad?
Tanto Viñas del Barón como El Kozako son empresas
casi familiares, concebidas y manejadas por un reducido grupo
de personas que atienden personalmente cada uno de los detalles
de la elaboración de sus productos.
El propietario de Viñas del Barón relató
entonces parte de su experiencia: "Mi sueño siempre
fue producir vinos de excelencia, seleccionar uvas muy buenas,
vinificar muy bien. Hacer una imagen de una marca de vinos que
sea prestigiosa desde su esencia".
Agregó que marca Finca del Marqués, "la registré
hace más de dos décadas cuando era directivo de
otra compañía, que decidió poner una producción
limitada de buenos vinos. Ya retirado de esa empresa, compré
la marca. De modo que ahora estoy disfrutando de mis propios vinos
con la marca que concebí hace mucho tiempo". Emocionado,
reflexionó: "Es que la vida es como un círculo,
en el que cada quien termina encontrándose con uno mismo".
El momento Top
Llegó a la mesa el Carré de cerdo con milhojas de
papas y salsa de frutas rojas. Fue el momento de destapar el Top
Reserve 1997, que presentó una armonía entre aromas
y perfumes, donde ninguno predomina con respecto al otro. Se trata
de un vino muy aromático, intensamente frutado y redondo.
Los participantes coincidieron en señalar que este corte
de las dos varietales -la Cabernet Sauvignon y el Syrah- está
homogeneizado a través de la presencia de la madera de
roble francés, que le otorgó durante catorce meses
un cuerpo muy elevado. "Sólo el 30 por ciento del
vino estuvo en barrica. Tiene una pequeña porción
de Syrah, pero predomina en un 89 por ciento el Cabernet",
indicó Gabriela.
Víctor, por su parte, consideró que se trata de
un vino "muy exclusivo", y no ahorró el comentario:
"Estoy muy orgulloso de él".
Esteban, al observar la actitud de Barón la definió
como "la satisfacción de un padre al hablar de su
hijo".
El gran protagonista
Al referirse a su forma de producción, que consiste en
la puesta en el mercado de vinos exclusivos, producidos en partidas
limitadas, Gabriela Barón manifestó que el estilo
de la empresa "es el de no producir vinos en los que la madera
sea protagónica, menos aún, que la madera tape,
angustie u oprima la esencia, que es la uva".
Mientras degustaba el Top Reserve 1997 agregó: "Este
vino me conmueve. Se lo nota vivo. Es untuoso, mórbido,
aterciopelado, muy redondo en boca y para nada astringente".
"No hay secretos, tampoco casualidades. El casamiento entre
los dos varietales, sumado al efecto producido por la parte que
estuvo en barrica y luego ensamblada con lo que no estuvo, evolucionó
durante casi seis años en botella, mientras se producían
los efectos que hoy podemos disfrutar".
Hora de postres, hora de anuncios
Nadie pudo resistirse cuando llegó el momento de los dulces;
representados por una torta de semillas de amapola; medowik, elaborada
con miel y ciruelas pasas y Cheese cake eslavo, acompañado
por frutillas y crema.
La ocasión fue propicia para que Víctor y Gabriela
Barón anunciaran la próxima salida de sus nuevos
vinos, que ya están fraccionados.
"Tenemos un nuevo TOP, el top 2002, cuyo corte -por el momento-
preferimos mantener en secreto. Sacamos también un clásico
malbec syrah, sin barrica, que defino como maravilloso",
se entusiasmó Gabriela.
También anticiparon la aparición de "ochocientas
botellas de bonarda y dos mil de tempranillo. Estos dos últimos
con barrica, pero siempre fieles a nuestro estilo de no tapar
la fruta".
La llegada de los postres indicó que la alta noche había
ocupado su lugar. Sin embargo, la sobremesa se prolongó
sin prisas, con una charla colmada de coincidencias, tal vez de
casualidades. Y si éstas no existen, a nadie quepan dudas
de que el trabajo conjunto de personas decididas a concretar sus
sueños para que otros puedan disfrutar de comidas y bebidas
de excelente calidad y estilo es una realidad innegable.
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