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Cada llanto desconsolado equivale a un mililitro
de agua. Por lo tanto, para poder llenar apenas una cuchara de
té, habrá que hacerlo enérgicamente unas
cinco veces. Si se trata de una mujer, esa tarea -la de llenar
una cuchara de lágrimas, no la de llorar-, le demandará
poco menos de dos meses, ya que según las estadísticas,
lloran tres veces en el mes. En cambio, si se trata de un hombre,
esa labor será más ardua: la frecuencia de llanto
es una cada treinta días.
Es decir que un hombre deberá pasar más de sesenta
y dos años para poder completar con lágrimas una
botella de setecientos cincuenta centímetros cúbicos.
Sin embargo, mucho menos le llevará a ese hombre beberse
una vasija con idéntica cantidad de buen tinto. Pero sin
dudas, detrás de esa botella también habrá
años de trabajo, de conocimientos que atraviesan generaciones,
de sabiduría.
¿Hay acaso un tiempo determinado para aprender a hacer
buen vino?
El Mono Villegas, un increíble jazzman, solía hacer
una escala referida a los pianistas que bien podría responder
la inquietud. Decía más o menos así: "Hay
pianistas que no tocan nada: ésos son los que escucho por
todos lados. También están los que tocan mal y siguen
así toda su vida. Pero hay otros -entre los que él
humildemente se incluía- que, a pesar de no ser considerados
como grandes maestros, siguen intentando mejorar hasta un segundo
antes de morir".
Seguramente, cumplir un sueño de toda la vida no puede
cuantificarse. Y un día, Alejandro Martínez Rosell
-Pepe para los amigos- soñó que volvía a
trabajar en el mismo edificio de bodega que su abuelo había
levantado hacía más de cien años y en el
que su padre había volcado toda su vida. Y otro día,
unos cuantos años más tarde y por obra y gracia
del destino, ese sueño se cumplió. Tal vez nadie
se lo había preguntado y quizá ni siquiera él
mismo había tomado conciencia de la concreción.
Pero un día, como tantos otros y ante una pregunta al respecto,
sólo atinó a quedarse en silencio, miró hacia
abajo sin encontrar respuesta y simplemente lloró.
Así es Pepe. Un gran luchador del vino, con el suficiente
coraje para mostrarse tal cual es; hasta con lágrimas en
los ojos. Así opina un enólogo que supo de Baco
desde la cuna y lleva 25 años de trabajo entre vides y
tanques.
¿Por qué Pepe?
No tiene una explicación racional. Fue más que nada
una ocurrencia de mi padre. El mismo día que mi madre le
dijo que estaba embarazada, él la abrazó y le dijo:
"Vamos a tener un Pepe; y, si es una mujer, será Pepa".
En Mendoza, si alguien me dice Alejandro, creo que ni siquiera
me doy vuelta.
En su vida el vino fue más que una herencia, es casi
un destino...
Se podría decir que sí. Mi abuelo levantó
el edificio donde hoy funciona Rosell Boher. Mi padre trabajó
allí gran parte de su vida y yo me crié jugando
bajo estos mismos árboles. Pero más allá
del destino, dediqué toda mi vida a estudiar y a aprender
acerca de los vinos; desde la facultad, hasta hoy. A pesar de
todo, paradójicamente mi primer trabajo como ingeniero
agrónomo fue para una compañía de agua mineral
(risas).
Imagino las veces que debe haber soñado con volver
a trabajar en esas cavas en las que pasó su infancia. ¿Qué
siente tras haber concretado esa ilusión?
En casa, de chico, escuchaba todo el tiempo a papá hablar
de vinos; no era una cosa eventual sino todos los días.
Desde ese momento es que soñaba con ser el continuador
de su tarea. Más tarde, por distintas situaciones que hicieron
que la familia tuviera que vender el edificio, ese sueño
se vio truncado durante años (Pepe hace un silencio y las
risas de segundos atrás se transforman en lágrimas
de emoción: sigue hablando como puede). Eso a nivel sentimental
es muy fuerte; cada vez que piso la bodega siento algo que no
podría definir. Creo que lo único que me faltó
para redondear el sueño fue compartirlo con mi padre.
¿Después de 25 años de trabajo ya definió
si prefiere vinos con o sin madera?
El uso de madera es tan viejo como el vino. Es un recurso muy
válido, un aditamento que agrega encanto. Pero no es excluyente
para poder hacer un buen vino. Para las estrategias de marketing
puede ayudar a posicionarlo en determinado rango de precios, aunque
ése vino pueda no merecerlo.
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¿Podría considerarse una moda?
No sé si lo consideraría una moda. Pero sí
me parece que, en muchas ocasiones, se abusa de ese recurso; sobre
todo en el caso de los chips. Esa masificación hace que
la mayoría de los productos tengan un toque muy similar.
Rosell Boher produce uno de los mejores espumantes del país.
Lo hace en escasísimas cantidades. A su línea de
vinos, Viñas de Narvaez, los elabora sin paso por madera.
Para cierta modalidad, parecería ser que van contra la
corriente.
Más que ir contra la corriente de lo que se trata es de
entregar a un mercado prácticamente saturado, opciones
diferentes. El consumidor puede tomarlo o dejarlo (afortunadamente
lo está tomando), pero, a la hora del consumo, no se encuentra
con un producto igual a los demás. La idea, desde los orígenes,
era resaltar toda la fruta de un vino joven, y no que la madera
tape las cualidades que espontáneamente te regala la naturaleza
de la uva que estás elaborando.
¿Cuáles son las principales virtudes de los
vinos jóvenes?
Tienen la gran ventaja de mostrar por sí mismos la variedad
que los conforma. Y eso, para un consumidor que recién
se inicia en el mundo del vino, es muy importante. Además,
entregan muchísima fruta. No nos olvidemos que el origen
del vino es la uva. Es uva el aroma, y no el olor a cuero mojado,
hierbas recién cortadas o mermeladas de la abuela y todo
ese lenguaje que utilizan algunos. El aroma de los vinos jóvenes
recuerda a esa uva. Por otro lado, se destacan los colores que
sólo puede brindar un vino joven; ya que con la evolución
de los años ese color vivaz va mutando.
¿Cuál es la cepa que más le gusta?
Soy bastante amplio. En general prefiero más elegir o desear
un vino según el momento anímico. Sin embargo, dentro
de la amplia paleta que se da en la Argentina, sigo siendo un
gran defensor del Cabernet Sauvignon, el rey de los tintos.
Una vez más va contra la corriente; no habló de
Malbec...
El Malbec me agrada, aunque depende también de cómo
esté elaborado. Muchos, montados en aquello de que se trata
de una uva insignia, elaboran bajo su paraguas productos sin cuidado,
con la etiqueta malbec. La verdad que uno se encuentra con cada
cosa
Usted debe ser uno de los pocos -sino el único- enólogo
del país, que no se ve obligado a sacar al mercado los
mismos varietales cada año. Todo un privilegio.
Aunque algunos lo critiquen y les llame la atención desde
el punto de vista comercial, desde lo técnico, es ideal.
Uno puede trabajar con un grado de seguridad muy grande, ya que
en enología nada es matemático y la opción
de poder discontinuar una variedad si consideramos que ese año
no fue todo lo satisfactoria que debió haber sido, es maravilloso.
Quiere decir que lo que sale al mercado es realmente óptimo.
Ventajas de ser una bodega pequeña.
Como corresponde al formato de bodega boutique...
Más allá de que creo que se ha puesto de moda, no
estoy ni a favor ni en contra. Sucede que hoy por hoy, el término
"boutique", no es sinónimo de calidad. En muchos
casos, las bodegas que se llaman así son simplemente pequeños
productores, que elaboran poca cantidad de vino mediocre.
¿El paladar de los porteños es diferente al
de los mendocinos?
Como mendocino voy a hacer una autocrítica: muchos creen
que, por nacer en una provincia productora, saben de vinos. No
es necesariamente así. Más allá del poder
adquisitivo, no deja de sorprenderme la curiosidad, la avidez
y el cariño con el que los porteños reciben las
novedades del vino. El mendocino es infinitamente más conservador.
La mayoría no se anima a probar novedades. Así es
como se pierden de descubrir verdaderas maravillas.
¿Se siente parte de una nueva generación de
enólogos?
Sin dudas, más allá de los casi 50 que tengo (risas).
Y lo digo porque la principal característica es que logramos
romper con una serie de mezquindades que históricamente
arrastraba la industria. Hasta no hace mucho, estaba prácticamente
prohibido que alguien de una bodega intercambiara con un colega
de otra alguna opinión sobre los vinos. Si esa situación
se hubiera modificado un par de décadas antes, los logros
que hoy se están obteniendo, hubiesen llegado mucho antes.
Hubiera sido mejor para todos.
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