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Hasta hace muy poco tiempo, las variedades reconocidas
en la Argentina eran las uvas tradicionales francesas más
algunas otras dedicadas exclusivamente a vinos de mesa. Y aun
dentro de ese acotado panorama, había limitaciones. Así,
cuando se hablaba de Cabernet jamás se pensaba en otra
cepa que en la Cabernet Sauvignon, sin considerar que también
existen la Cabernet Franc y Cabernet Bouchet, que hoy se ofrecen
como gratas sorpresas. En el caso de los vinos de mesa, una variedad
italiana como la Bonarda, original del Piamonte, Lombardía
y Emilia-Romagna, era bastardeada sistemáticamente hasta
que pasó a revalorizarse, como sucedió incluso con
la Sangiovese.
Esta revalorización se dio también con otras cepas
blancas, como la antes popularísima Semillón (con
ella se hacían los carlones), que fue rescatada en el sur
por la familia Canale y en Mendoza por los hermanos Más,
dando un blanco enjundioso con mucho cuerpo que aguanta comidas
importantes. Distinto del Tocai Friulano, (pruebe el clásico
Semillón de Canale, el de Finca La Anita o el de la Alfredo
Roca, Family Reserve 2002), de cepas procedentes del Friuli, Italia,
al norte del Véneto, blanco muy afrutado para beber fresco
acompañado de comidas livianas. O el raro Nebbiolo, elaborado
por Viña Alicia en forma exclusiva.
También salió a la luz el original y novedoso Verdelho,
proveniente de la isla de Madeira, Portugal, adaptado al suelo
mendocino por la bodega Don Cristóbal
1492, única que lo trata, por ahora, en forma comercial.
Un blanco increíble con características propias,
muy frutado y con una excelente relación precio-calidad;
no se parece al original portugués de la DOC Douro.
Incluso las uvas Syrah o Tempranillo que hoy despuntan en el mercado
no eran más que cepajes menores, que se utilizaban para
vinos de corte; la primera avanzó tímidamente al
mercado en los años 70 de la mano de Navarro Correas, y
de la segunda tenemos ejemplos más recientes.
La moda varietal
En Francia, Italia, España, Portugal y otros países,
los vinos se distinguen por regiones y denominaciones de origen
más que por variedades. La moda del varietal fue lanzada
por los americanos en la década del 70 de la mano de Robert
Mondavi (California) como alternativa a los vinos europeos.
Hoy existe una demanda de nuevas variedades. Las que lideran el
mercado, según los expertos, son, en tintas, las uvas Tannat,
Tempranillo y Pinot Grigrio y en blancas la Viognier, aunque también
se apuesta al mejoramiento de viñedos antiguos como los
de Bonarda. Las llamadas nuevas cepas (que muchas veces son antiguas
plantas que habían dejado de utilizarse por su supuesta
baja calidad enológica, como la Semillón) superan
la treintena.
En 1850 Michel Pouget, técnico contratado por el Gobierno
de Mendoza, introdujo cepas originarias de Francia como la Cabernet
Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot, Pinot Noir, Chardonnay, Sauvi-gnon
Blanc, Semillón, para reemplazar a las criollas que se
cultivaban aquí hasta entonces. Otras fueron introducidas
recientemente.
En este sentido, cabe destacar el trabajo de Familia Zuccardi
con su proyecto "Santa Julia Innovación": en
el año 1993 comenzaron con la elaboración de los
primeros varietales argentinos Tempranillo, Bonarda y Sangiovese,
siendo la primera bodega en plantar Viognier en Argentina
con cepas directamente traídas de Francia. Actualmente
continúa experimentando con 32 variedades entre las que
se pueden citar: Barbera, Caladoc, Montepulciano, Tannat, Zinfandel,
Pinot Grigio, Ancellotta, entre otras, implantadas en los viñedos
de Santa Rosa y vinificadas luego en la Bodega Experimental.
De todas éstas, ya se pueden destacar por su calidad enológica
y su buena adaptación a nuestro clima y suelo el Caladoc
(cruza entre Malbec y Grenache), Tannat, Ancellotta, Gamay, Zinfandel
y en blancas la Pinot Grigio.
Por su parte, Viniterra incorporó las variedades Pinot
Grigio, Carmenere, Tempranillo, Sangiovese y Viognier en el 2001.
Por ahora, la única bodega que elabora vinos a gran escala
con Gamay es Cavas de Weinert, que lo tiene en la composición
de su rosado Montfleury, junto Cabernet Sauvignon y Malbec. De
un intenso color cereza, fresco, suave y frutado, fue durante
muchos años el único vino rosado del país.
Bonarda, otro rescate
Pero hay más ejemplos. Nieto Senetiner realizó experimentaciones
con variedades tintas como la Petit Verdot y Tannat y las blancas
Viognier y Verdelho. Su premiadísimo Bonarda 2002 -medalla
de oro de Vinitaly 2003, enólogo Roberto González-,
abrió las puertas a quienes
todavía desconfiaban de las bondades de la cepa tradicionalmente
utilizada para vinos de baja calidad.
Bodegas López también apunta a mejorar sus antiguos
viñedos de Bonarda.
Del mismo modo, Colonia Las Liebres lanzó recientemente
Bonarda 2003, nuevo proyecto de la bodega Altos Las Hormigas de
realizar un Bonarda sin madera en Mendoza del Este. Otra novedad,
el Chakana Bonarda 2003, diseñado con el asesoramiento
de Dominique Delteil, Director Científico del Instituto
Cooperativo del Vino de Montpellier, Francia (ICV), esta vez sí
con madera.
Otro establecimiento que presta atención a su Bonarda es
Finca Los Álamos (bodegas Catena Zapata), añejado
en roble durante 9 meses.
Los reconocidos enólogos Susana Balbo y Pedro Marchevsky
(Dominio del Plata) realizaron el Anubis 2001 con esta variedad
italiana en un cien por ciento.
Alta Vista posee su Premium Bonarda 2002, edición Limitada,
de cosecha manual, con el 50 por ciento de la uva criada en barricas
de roble.
Escondido de la bodega Don Doménico, cosecha 2002, da cuenta
de cómo se comporta la variedad en el terruño sanjuanino.
Con esta uva se hicieron y se hacen también interesantes
blends como el Santa Julia Roble 2002 -bonarda-sangiovese- de
Familia Zuccardi o el Críos del mismo año, con bonarda-syrah
(bodega Dominio del Plata), y el Export 2001 de Cavas de Santos,
entre otros.
Otra uva salida del arcón: la Sangiovese
Federico Benegas Lynch, director y winemaker de bodega Benegas,
realizó una apuesta fuerte al Sangiovese, 100 % varietal
elaborado con todos los cuidados de un vino ultra Premium de partida
limitada. De color rojo intenso con aromas frescos y evocación
a frutos del bosque maduros, su intención fue "elaborar
un Sangiovese que esté a la altura de los 'grandes toscanos',
que han recibido hasta 100 puntos de Robert Parker. Hoy el Sangiovese
es todo un símbolo de la bodega y ha obtenido numerosos
premios y reconocimientos", informó.
De esta misma variedad, cabe destacar el Don Miguel Gascón
2000 y el Escori-huela Gascón 2002, que provienen de los
viñedos de Agrelo, a 1000 m. de altura, de bodegas Escorihuela,
enóloga Estela Perinetti.
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También la flamante línea de varietales San Felipe
Roble de Bodegas La Rural, que incluye un Sangiovese que pasó
por madera a un precio más que accesible.
En vinos dulces o de cosecha tardía, la cepa Gewürstraminer
nos sorprende con el vino artesanal cosecha tardía de Leoncio
Arizu. Y de Tunuyán, Mendoza, el Viña Amalia Vendimia
Tardía 2003 es el único vino de la Argentina en
utilizar Sauvignon Gris en su composición, junto con Viognier
y Sauvignon Blanc.
"Sabemos, señaló Roberto de la Mota, director
de enología de Bodegas Terrazas de los Andes, que en la
Argentina variedades como Malbec, Cabernet Sauvignon, Chardonnay,
se manifiestan de forma
atractiva. Pero también sabemos que las uvas Sauvignon
Blanc y Viognier dan vinos excelentes, llenos de tipicidad. No
debemos olvidar al semillón en blancos, pues fue la variedad
más difundida cuando en tinto lo era la Malbec.
Seguramente, se podrían obtener muy buenos vinos con otras
como Rossane y Marsanne, del Valle del Ródano. O tal vez
el Vermentino del sur de Italia, Cerdeña y Córcega.
Y así con muchos otros cepajes".
El Viognier, una revelación
Introducido por Familia Zuccardi en 1993, la cepa Viognier -proveniente
del valle del Ródano donde se elaboran con ella los vinos
de Condrieu- hoy está presente en casi todas las bodegas
importantes.
La pionera fue la bodega Lagarde: lanzó al mercado la primera
línea de la variedad en 1997, con excelentes resultados.
Otros ejemplos: Santa Julia Viognier 2004, Escorihuela Gascón
2003, Finca Las Moras 2002 (San Juan), Finca La Linda Viognier
2003 (Luigi Bosca), y los hermanos Jacques & François
Lurton con su cosecha 2001, entre muchos otros.
Otra desconocida, la Chenin Blanc. Por el momento sólo
la bodega Jean Rivier elabora un ejemplar desde hace años
con delicados aromas a flores blancas y buena relación
precio-calidad.
La Pinot Gris o Grigio también es otro cepaje de calidad,
y no muy conocido, que elaboran los hermanos Lurton: Viniterra,
Santa Julia 2002 y La Riojana.
En tintos, despuntó también el Petit Verdot, ya
incluida en blends como el Brioso 2002 de Susana B. Bodegas Luigi
Bosca la introdujo también en uno de sus vinos blends de
alta gama lanzados en forma reciente: Gala 1 corte de Malbec,
Petit Verdot y Tannat y Gala 2, de Cabernet Sauvignon, Cabernet
Franc y Merlot, cosecha 2002.
El Tempranillo, cepa española por excelencia que se ha
desarrollado muy bien en los viñedos de Maipú y
Santa Rosa, ofrece, entre otros, el Séptima 2002; "Q"
de Familia Zuccardi 2001; Finca El Portillo 2002, del valle de
Uco; B Croux 2001 de las bodegas O'Fournier.
Barbera es otra desconocida: el mercado aún ofrece el Norton
Barbera o del mismo cepaje el de la Familia Adrover de 2001 y
el Lancatay de bodega Huarpe, estos dos últimos provenientes
de viñedos de Luján de Cuyo.
Bodegas Etchart presentó en forma reciente su Etchart Privado
Tannat 2003, un vino elaborado con la variedad de uva originaria
del Sur de Francia, que alcanzó gran predominio en Uruguay
y una expansión cada vez más importante en los Valles
Calchaquíes.
Por último, la variedad Cabernet Franc, implantada hace
tiempo en el país y utilizada mayoritariamente para vinos
de corte, ofrece el tradicional Marcus Gran Reserva de la bodega
Humberto Canale (2001) de Río Negro, más algunas
novedades interesantes como el obtenido en
San Juan por la Finca Los Angacos, cosecha 2001, sin madera, entre
otros.
El espumante natural de Moscato Giallo de Lagarde, el champán
tinto de Sebastán Zuccardi (Alma 4): el mercado sorprende
con variedades desconocidas para los argentinos.
Vino argentinos, terruño de calidad
Sin embargo, a la hora de la vanguardia, es muy importante tener
en cuenta el tema comercial. "A la hora de vender, señaló
De la Mota, debemos tener en cuenta que la Argentina no es aún
un país muy renombrado por sus vinos. Aquellos que comienzan
a conocerlo lo hacen a través de su vino más original
y típico que es el Malbec y también, aunque en menor
medida, el Cabernet Sauvignon, la variedad más cosmopolita.
Ciertamente, el paso siguiente, cuando nos conozcan más
o mejor, cuando la calidad de los vinos de Argentina sea reconocida,
será la oportunidad de otras variedades que den variabilidad
y testimonio de la calidad de nuestro terruño. De allí
la importancia de ensayar ahora".
Coincide, en este sentido, con el portugués Luis Cabral
de Almeida, flamante gerente de enología de Finca Flichman.
"Creo -aseveró- que es importante la experimentación,
la investigación. Pero en la Argentina hay que focalizar
en la uva Malbec, Syrah, Cabernet, para lograr una estructura
sólida fortalecida como país de grandes vinos para
exportar. No hacer mucho ruido por nada, aumentando, sí,
la calidad de nuestros grandes volúmenes.
Flichman posee las plantas de Syrah más viejas de Mendoza.
En esta etapa estamos mejorando los clones en las variedades importantes,
la fruta, no el rendimiento porque acá hay que ayudar a
la naturaleza a bajar".
Aunque no se dispone de información de exportaciones de
vinos por varietales, se sabe que la uva Malbec tanto para el
mercado interno como para el externo es la base de nuestros vinos
de calidad. "Ello , informó Juan Carlos Pina de Bodegas
de Argentina -organismo que nuclea a las bodegas del sector- en
base a la superficie implantada de otras variedades de uvas tintas
de calidad (año 2002): Malbec 18.944 Ha; Cabernet Sauvignon,
14.442 Ha; Merlot, 6.528 Ha; Sirah, 9.453 Ha; Tempranillo, 4.945
Ha; Bonarda, 16.079 Ha. Hay zonas en donde la relación
entre determinadas variedades y las
condiciones de la misma nos hacen pensar en el corto plazo en
determinadas asociaciones como las de Mendoza / Malbec. Son las
de San Juan / Sirah; La Rioja - Cafayate / Torrontés; Neuquén
- Río Negro / Merlot, Pinot Negro, etc".
El hecho que el Malbec sea el vino emblemático de la Argentina
no quiere decir que nos tengamos que dedicar sólo a esta
cepa. Por el contrario. Es el "señuelo" con el
cual llamar la atención al consumidor y luego atraparlo
con la gran diversidad de variedades y zonas de producción.
Una de las fortalezas de Argentina en este sentido es su gran
gama de variedades, producto de las que trajeron los inmigrantes
españoles, italianos y los maestros enólogos franceses:
Pedro Giménez, Tempranillo, Bonarda, Tokai Friulano, Sangiovesse,
Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Chardonnay, Sauvignon, Chenin,
etc.
"La otra fortaleza -concluyó Pina-, es la diversidad
de zonas de producción, desde Salta hasta la Patagonia
Austral".
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